29.12.09

Quicos

A ver: esto que les digo hoy en la columna del Tíscar es teología pura, puede que de barrio, puede que de chichinabo, a lo mejor una teología de escopeta y perro, pero teología al fin y al cabo, la teología de un ateazo sinvergüenza. Y es que el otro día, como se fue la luz, para pasar el rato me puse a comer quicos y a pensar en que si el Papa es el representante de Dios en el mundo y Dios está de acuerdo con ello y además le gusta este Papa para que lo represente, ¿qué necesidad hay de ponerle seguridad al Papa si no le va a pasar nada mientras Dios no quiera? Qué tontería, ¿no? Dios es el mejor guardaespaldas, el sistema de seguridad más infalible, la escolta más impenetrable. Y además no cobra. De lo cual se desprende, pienso yo, que los que reclaman mayores medidas de seguridad para el Papa no confían mucho en Dios o directamente no creen en él. Es más, me atrevería a decir que el propio Papa no cree en Dios si está de acuerdo en que su integridad física debería estar mejor protegida por los hombres. Y ahí me quedé, ahí vino la luz y dejé de pensar, pero no de comer quicos, porque además ya me estaba doliendo la perola y tampoco la cosa merece tanto la pena. Ahora lo que me gustaría es que alguien me contestara a esta basura que acabo de exponerles. Ahí la dejo.

3 comentarios:

Antonio Jiménez dijo...

Estimado Tíscar:
Veo que ves las cosas al revés.
Precisamente ese celo por una seguridad excesiva es prueba de que el papa y adlácteres creen en la existencia de un ser o ente superior y exquisitamente justo -¿dios?-. Ente del que, lógicamente, se deben proteger. ¿Qué más justicia se puede pedir que acabar con el papa&cía?

Blumm dijo...

Dios es con mayúscula, nenes.

Que no os enteráis ni "patrás", seáis ateos, agnósticos, monjamonjamón´s o curas sacerdotes.

Repito, nenes: Dios es con mayúscula, como olla después de punto. Así. Olla. O polla, que soy de Jaén.

Feliz Año.

Antonio Jiménez dijo...

Depende de la acepción que se emplee.
Según la RAE, no en su segunda acepción (¿vale, nene?):

dios.

(Del lat. deus).

1. m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.

ORTOGR. Escr. con may. inicial.

2. m. Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones.