15.6.09

Montané

Era la semipeatonal Carrera una lengua achicharrada de provincia, de municipio en fiestas, cuando apareciste a lo lejos con el mejor traje y la corbata más primorosa que se te ha visto, Pepe Montané. La primavera en tus piernas y una mentira en tu pecho, concejal. Porque me mentiste. Tú no ibas de boda, Montané: yo te admiré al paso la elegancia retrechera, como buen vecino atento y sociable que soy, y tú me dijiste que ibas de boda. Y yo te creí, Montané, te creí porque tu mirada era limpia y tus palabras acordes y porque había una alegría feriada en los alféizares de tu sonrisa. Pero a lo que ibas era a la procesión. ¡A la procesión, sí! Qué boda ni qué boda, si a ti no se te casa nadie. Cómo pude ser tan tonto, Montané, cómo pude confiar en ti tan ciegamente. Ibas a agarrarte a la vara católica para pasear por las calles laicas, como el año pasado. ¡Ibas a eso, Montané! Y tuviste la frialdad de inventarte un casorio para despacharme sin corazón. Cuando te vi delante de nuestra santísima Patrona y Alcalda celestial, guiándola con tu pasito cofrade, con tu marcial tiesura y tu cara de rosario que se alarga, la cálida devoción que por ella siento se trocó de repente en el lacerante escalofrío de quien se sabe burlado. Y mientras, Zapatero descolgando crucifijos. La virgen.

1 comentario:

Blumm dijo...

El rosario lo llevaba en el bolsillo, Tíscar.

La hipocresía tiene estos colores. La fachada también, el acople a los intereses del momento, uf, eso sí que recauda votos.

Partida de hipócritas...