15.1.10

Jabalcuz

Jabalcuz es un niño bonito de Jaén, tan bonito y tan guapo que dan ganas de pegarle dos tortas y, de hecho, se le pegan, a brazo abierto y a mano llena, por bonito. De Jabalcuz todo el mundo está tan orgulloso y tan contento de que exista que se le hace puto caso. Es lo malo de Jabalcuz, que tiene esa belleza tan privilegiada que sólo puede inspirar violencia o indiferencia, destrucción. Convencidos de su inmortalidad, el paraje de Jabalcuz desaparecerá algún día y seguiremos creyendo que existe. Jabalcuz tiene la suerte del chucho callejero, que atiende a muchos amos y se lame las mataduras solo, que lo mismo le acarician detrás de las orejas que le pegan un patadón debajo del rabo, ambos gestos con idéntico cariño. Promotoras y jueces y políticos están en contra de la integridad natural de Jabalcuz y abiertamente enamorados de Jabalcuz. Es un ni contigo ni sin ti, es un que te como por hermoso, es un quien bien te quiere te hará llorar. Miéntale tú la madre a Jabalcuz delante de alguien que se esté cargando Jabalcuz y verás la que te lía, por blasfemo y por insensible. Porque con Jabalcuz hay que tener tanta sensibilidad que no queda otro remedio que talarle árboles y seguir cargándoselo. Jabalcuz, en Jaén, es un símbolo de la contradictoria estupidez humana.

2 comentarios:

Blumm dijo...

También tiene un bujerillo por donde salía agua calentita y dónde, ¿dónde está ese agua? ¿Quién se la ha bebido?
¿María la Guarra?

A mí me picó una bicha en Jabalcuz. Algún día voy a crear un blog para contarlo. De verdad

Abrazos, pollo.

LuisM dijo...

Debo felicitarle por este artículo. Podría ser un capítulo suplementario a la Ciudad Invisible de Italo Calvino, salvando las distancias claro. jejeje