3.12.09

No tragamos

Pese a que tengo un lector menos, Miguel Ayala, el pintor, que no sé qué ha hecho ni por qué lo ha hecho, el tío, hay que seguir con la columna, aunque las cuentas no cuadren. Ayer terminaba yo mi “Lagártica” con que la culpa del desastre es de la mala gestión política, sin siglas, ¿se acuerdan o no se acuerdan? ¡Acuérdense, hombre! Bueno, pues quiero profundizar y eso. Que lo que digo es que a los ciudadanos se nos debería meter en la cabezorra que a un ayuntamiento, y, en este caso, y por la cuenta que nos trae, el de Jaén, ciudad lagártica y camarina, devota y soseras, no le puede disculpar el color político, porque si hacemos distingos les estamos bailando el agua a los que nos la meten doblada y por alegrías. Siempre tendrán disculpas, y lo que menos queremos de un político municipal es que se disculpe, porque las disculpas no se comen: lo que de un político municipal queremos es que lleve a cabo con toda corrección y eficacia todo aquello que nos prometía en los mítines campañeros, cuando se ponía a cascar y voceaba con la vena hinchada y el calor de los aplausos y las musiquitas en la cara, ¿estamos o no? Si la culpa es de los otros de antes, mire usted, a mí qué me cuenta, a usted lo pusimos ahí para que lo arreglara, ya que se sentía tan capaz. Y que no tragamos.

1 comentario:

Bruno Bassoyeno dijo...

Yo, lo que no sé, es qué pollas haces aún escribiendo para la birria del Diario JAÉN. De verdad, Jesús, deberías volar ya más alto, coño.

Preséntate al Diario Público, joder. Venga, yo, Bassoyeno, te apoyo.

Abrazos de un poetiso.