26.3.08

Bob Dylan

Como las caras de Bélmez, la infalibilidad del Papa, las ventajas de las películas en versión original subtitulada y la virginidad de mi prima Tere, que está de ocho meses de su cuarto pelón, la promoción del aceite de oliva de la provincia jaenoncha se ha convertido en una cuestión de fe, me parece a mí. Hay que creerse o no hay que creerse que los quinientos mil euros que nos vamos a gastar en Bob Dylan a través de las cinco denominaciones de origen, las ayudas agrarias de la Consejería de Agricultura, de la Diputación Provincial y del Ayuntamiento de Jaén servirán para algo más que para que el pavo tostonazo ese se lo lleve muerto y caliente el próximo 5 de julio, junto a su garrafica de cinco litros, claro, y aquí sigamos como siempre: con el hoyo pringoso en la mano y diciendo qué rico, qué rico, esto es un lujo, cuánta salud… y nada más. Por no hablar de lo que suena el asunto a careta y disimulo, o sea a no querer reconocer la chulería del pago de un caché desorbitado y sinvergüenza si no es con la excusa del aceitazo, que siempre ablandará corazones, condimentará fans y suavizará a la opinión pública. Del Julio Iglesias y el Luis Miguel del PP todavía se oyen quejas por despilfarro, así que no sé ahora por qué habría que callarse.

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