9.11.07

Nanas de la cebolla

A ver qué le decimos a un Gobierno socialista que permite que las cebollas suban de precio un veintidós por ciento. Y la leche, y el pan, y el pollo, y las pastas, y las sardinas, y los tomates, y los huevos… Pero, sobre todo, las cebollas, que empiezan a convertirse en perlas de huerta, en artículo de joyería. “Deme usted esa gargantilla de rubíes y medio kilo de cebollas, que me han tocado los ciegos y quiero obsequiar a la reina de mi corazón; a mi esposa ya le compraré una minipí”. Se supone que en los países civilizados, del primer mundo, o sea en los estados capitalistas como dios manda, los sueldos del personal tienen que ir a la par o, mejor, un poquito más arriba que las cebollas, para que la peña esté contenta y no pase mal rato. Ese es el progreso. En cambio, cuando las cebollas comienzan a suponer una preocupación y hasta un disgusto en la economía de un hogar democrático, católico, español y heterosexual, significa que algo no marcha en los encebollados de arriba y que alguien está descuidando la vida real del ciudadano por meterse en cebollales que sólo afectan a los políticos. Habrá que bajárselas de internet, las cebollas, digo, y racionar cuidadosamente los arrimones de cebolleta.

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