25.10.07

Los cuchillos repetidos

Leemos estos días las crónicas de los juicios a ese Jaén del fondo, de los trasfondos y las soledades oscurientas que finalmente estallan en un confeti macabro de sangre y semen, el Jaén de los arroyos color café con leche y con trapajos negros flotando, de los nítidos gritos que no queremos oír y las miradas torvas de las que no queremos darnos por enterados, puesto que con nosotros no van, de momento. La pequeña ciudad lagártica del queso en aceite y los besapiés se encapricha a rachas en parecerse profundamente a las honrosas urbes del crimen que tanto salen en los periódicos y en las tragicomedias de los programas de televisión. Hay un Jaén que se cuece en lutos anticipados por arma blanca, Jaén pasional de las ingles y las desesperaciones, cuchillos repetidos y ensangrentados sobre mesitas de café de casabarrio, entre sobres de sopa vacíos, Teleprogramas atrasados, ceniceros en forma de váter y una raya de cocaína a medio meter. Crímenes que se veían venir y que por eso parecía que nunca llegaban, compañías más absortas que malas, gorgoteos como carcajadas finales. Ese Jaén de los pañitos sucios y los cadáveres esturreados, conocidos, entrevistos, averiguados. Tan lejos de aquí.

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