2.3.07

"Es el milagro más grande"

A ver, vosotros, consumidores de moralinicas con nata, gazmoños de lo correcto, sargentos de vidas ajenas, chominosos jueces de la decencia, conservadores de nada, indolentes reaccionarios: ¿habéis leído lo que ha dicho Inmaculada Echevarría cuando se ha enterado de que el Consejo Consultivo avala su petición de desenchufarla del respirador que la mantiene con vida desde hace diez años en Granada? Ha dicho: “Es el milagro más grande y lo mejor que me ha podido pasar”. Maldita sea mi sangre, si un ser humano es capaz de celebrar así la noticia de su posible muerte, lo más higiénico que podíais hacer, bocalindrones, sacapescuezos, es callaros y seguir deshollinando vuestras pobres vidas, que de las ajenas ya se encargan sus poseedores. ¿Me queréis decir quién pide la muerte por capricho, por pedir, por antojo o porque se aburre? Ni siquiera por ofender un poquito a vuestro dios. Tan de cada uno es su vida como su muerte, y, por desgracia, también lo es la mentira biológica de sentirse un pedazo de carne sufriente atada a una cama. ¿Le vais a afear el derecho de largarse a una persona que no quiere estar? Luego os arrimáis a los confesonarios para acusaros de tonterías, tiene mandanga.

3 comentarios:

Jesús dijo...

Entro a saludar, creo que estoy aquí tras problemas virtuales de toda índole-

Saludetes.

Jesús Tíscar Jandra dijo...

Bienvenido, Jesús. Aquí seguimos.

Silvio Gnisci Morgach dijo...

Pues a mí, lo que me ha tocado soberanamente los cojones es que la gachí haya salido con un libro entre las manos diciendo que se quiere morir.

Ha echado por tierra los esfuerzos que esta Juntica de Andapilas ha hecho por el fomento a la lectura.

¿A quién le va a dar ganas de abrir un libro y leer cuando haya visto a esta gachona preferir morir a seguir leyendo?

Qué flaco favor nos ha hecho, joder, de verdad.

Eso sí que es atentar contra una religión, la que todo lector tiene hacia un buen libro.

Anda y que la zurzan.

Inmaculada, no te me mueras, repite otra vez la escena, pero métete el libro entre las nalgas, que nadie lo vea, joder.