7.12.06

Último baile de tiranos

Qué duros son los tiranos, los dictadores… Son como el psicópata de las películas, que aun estando machacado en el suelo, todavía tiene fuerzas para agarrar por el tobillo a la aterrorizada muchachuela. Lo digo por don Augusto Pinochet, que ha salido del estado crítico tras sufrir un infarto que lo puso en el hall de la muerte. A los noventa y un años y tambaleándose, trastabillando por la vida sobre sus charcos de sangre. El hijoputa. A ver si se trata de la mejoría de la muerte, dios me oiga. No es cierto que bicho malo nunca muere, lo que pasa es que cuesta mucho llegarle al pálpito y estrangulárselo, pero al final cae. ¿Algún atisbo de remordimiento por estar deseándole la mortaja a un ser humano?, me pregunto. Absolutamente ninguno, me respondo. Y además me corrijo: ese viejo no es un ser humano. Apañados iríamos si, por el simple hecho de haber nacido de madre y andar sobre dos patas, considerásemos a todo el mundo “ser humano”. Como Castro, al que también se le está escagarruciando la vida y así asistimos al bonito y patético espectáculo de dos mandahuevos históricos dando las últimas boqueadas y bailando el último tango en su propio exterminio. Que pare la música.

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