2.1.07

Descanse en paz el Chubby Cheek

El Chubby tenía que haber cerrado mucho antes. Empresa-rialmente no lo sé, ni me importa, pero sentimentalmente, al Chubby Cheek habría que haberle practicado la eutanasia hace unos años y no dejarlo agonizar como agonizaba, que daba pena y se le retorcían a uno las tripas de verlo tan sufriente, con lo que él fue. Al Club de Jazz Chubby Cheek sus amantes teníamos que haberle prendido el fuego de la piedad en cuanto sus boqueadas de muerte comenzaron a indicarnos que la enfermedad era irreversible e incurable. Sin embargo, nos limitamos a mudarnos de sitio, a acostarnos con otra, y ahí te pudras, Chubby Cheek. Yo sé perfectamente y sin lugar a error cuándo se infectó para terminar palmándola sin remedio, cuándo aquel virus macarrilla y chulopollas se le coló en las entrañas al local y comenzó a hacer su trabajo de destrucción y desidia. Estaba sentenciado. Su pasado glorioso, sus conciertos memorables, sus anécdotas increíbles y aquel fenómeno social que llegó a ser, estaban sentenciados. Demasiado ha tardado el pobre y mucho ha aguantado el dolor, maldita sea nuestra alma. Mi pésame a Ángel Millán, entre Millanes; pero ya era hora, hombre, ya era hora. Descanse en paz.

3 comentarios:

Silvio Gnisci Morgach dijo...

No me había enterado. Ahora nos queda el espíritu del Bodegón. Qué pena que no se vean ya tantos abueletes como antes. No eran muebles pero verlos allí tenía cierto encanto. El Jaén de hace treinta años por lo menos.

Angel Millán dijo...

Descanse en paz.

Jesús Tíscar Jandra dijo...

¡Hombre, Millán! ¡Tú por aquí! Bienvenido, nene. Y mis condolencias de nuevo. Por cierto, desde que se anunció el cierre del Chubby, éste se ha cerrado treinta veces, ¿no? ¿Se resistía?
Y otra cosa: ¿te has comprado ya mi novela?